Vanessa Beecroft y el performance.

Vanessa-Beecroft

“Mis desnudos son lo que el público quiera ver en ellos y lo que no. Son lo que no pueden ignorar y aquello de lo que se sorprenden al descubrirse a ellos mismos ignorando. El desnudo es parte de todos y cada uno de nosotros, sobre todo cuando nos quitamos la ropa, e, incluso, no es la persona en sí misma”.

Vanessa Beecroft es una interesante artista que pone de manifiesto su propia experiencia de vida como le motiv para hacer arte. Artista italiana nacida en Génova, Italia rodeada de arte renacentista y los dorados clásicos típicos en la península itálica. Muy diferente a la línea artística que trabaja.

Con estudios en arquitectura en el Liceo Artístico Cívico Nicolò Barabino de Génova y posteriormente en estudios de postgrado en lingüística en la Accademia Ligustica Di Belle Arti. Finalmente estudió diseño en la Academia de Bellas Artes de Brera en Milán. Con estudios más de arquitecto de que artista propiamente, empezó a coquetear a muy temprana edad con el mundo del arte.

A partir de la experiencia personal de vivir la anorexia de manera extrema en su adolescencia y juventud, decide encaminar esos esfuerzos a reflexionar sobre la mujer en el mundo contemporáneo, su papel, su rol social, sus anhelos y deseos en un mundo altamente machista.

“It’s art; it’s fashion. It’s good; it’s bad. It’s sexist; it’s not. It’s Vanessa Beecroft’s performance art. And one’s mind can feel like Faye Dunaway’s face in that famous slapping scene in «Chinatown» when confronted with it. Since 1994 Ms. Beecroft, a year-old Italian artist, has become known for pieces involving up to 20 vaguely similar women wearing underwear, high heels (or sneakers), maybe pantyhose or wigs, and not much else. The work has an anthropological logic: the performers and their costumes”.

En 1993 después de años de terapias y tratamientos para combatir la anorexia decide reclutar a treinta mujeres, la mayoría encontradas de manera casual por las calles de Nueva York, vestirlas con su propia ropa para lograr un efecto de homogeneización y hacerlas caminar en un espacio limitado sin un motivo aparente. Sería su primera obra conocía como VB01 y el inicio de su carrera artística.

Continuando con la cultura del happening, de mayor auge en la década de los 70’s, Vanesa realiza obras de arte vivientes donde parecen en acción grupos de mujeres (siempre mujeres), ligeras de ropa o desnudas que se sitúan en una posición preestablecida, sin hablar y moviéndose muy poco se exponen como la materialización de instante creativo, de un objeto estético.

El único testimonio de estas experiencias se reduce a series fotográficas o videos, que en palabras de la artista es lo menos importante de su propuesta. Concepto propio del arte conceptual donde la acción es más importante que el objeto en sí.

De alguna forma estas manifestaciones nos recuerdan a las ‘operas’ de Yves Klein y sus antropometries, aunque mientras en Klein lo interesante de su propuesta era la materialización del performance o la impresión del instante, en este caso la vivencia misma del suceso es lo más rescatable de la propuesta de Beecroft.

La estética de las mujeres que selecciona alude a una retórica cinematográfica y del teatro. Maquillajes cargados o excesivos, peinados producidos y muchas veces ropa en tendencia, logran exacerbar el carácter fragmentario de la mujer contemporánea.

Con su vocabulario formal busca lograr traducir la realidad en algo artificial, jugar con la realidad y la ficción con estas pinturas vivientes sin alguna acción definida.

Las mujeres en la mayoría de los casos están vestidas y maquilladas idénticamente, desapareciendo cualquier individualidad y rasgos específicos de cada persona.

Apareciendo como elementos plásticos simples, las mujeres en este funcionamiento no parecen tener ninguna razón de ser, ninguna relación con el instante indefinido entre la historia, la realidad y el contexto.

El ambiente generado oscila entre la ruptura de los estereotipos clásicos de belleza, entre la provocación estética y el encanto de los maniquíes de escaparates con su presencia kitsch.

“Mi trabajo está tan próximo a la pintura como a la escultura clásica. Mis obras son pinturas que se desarrollan lentamente en el tiempo. Sus referencias, cuando están presentes, son casi siempre de la pintura. Pero el hecho de que no me sirva de ella es irrelevante.”

“Nadie actúa, no ocurre nada; nadie comienza nada ni nada termina”. Un elemento interesante en sus performance es la falta de guión definido, la puesta en escena no tiene un principio ni un final concreto. La artista exige a sus modelos estar demasiado tiempo paradas en una posición fija lo que genera que a fin de cuentas la modelo se canse, cambie de posición o se siente de plano.

Este juego de azar es uno de los efectos más interesantes generados sin pensarlo en el performance. Así, esas mujeres que se nos presentaban al principio como unos seres inanimados, artificiales, fríos, inalcanzables, se transforman en personajes mundanos, cansados, aburridos, derrotados, se termina el glamour y se convierten en un ser humano común.

Es inevitable la crítica social en su obra, donde cuestiona el papel de la mujer en el mundo de la moda y del cine. La mujer aparece como un ente perfecto e inalcanzable, siempre con el maquillaje y el peinado perfecto aun después de correr por las calles para salvar el mundo.

Vanessa con el gesto del paso tiempo nos recuerda que la mujer artificial también se cansa, suda, excreta y necesita descansar.

VB53-vanessa-beecroft

Quizá el ejemplo mejor logrado de esta sensación de tiempo transcurrido y su afectación, sucede en el performance titulado VB53 realizado en un invernadero el Tepidarium de Roster en el Giardino dell’Orticultura de Florencia, en junio de 2004.

Donde las modelos equipadas únicamente con zapatos de tacón alto terminan sentadas, acostadas y reclinadas en la tierra obscura del reciento. En consecuencia la pulcritud y perfección de sus cuerpos desnudos son alterados. Manos, codos, muslos, rodillas, glúteos aparecen sucios, con restos de tierra, dando una mayor sensación de decrepitud, un efecto más dramático y teatral, un final perfecto.

«Como ni los modelos ni el público muestran apenas sentimientos no está claro lo que sucede en la mente de cada uno. Tampoco se habla de ello, cada persona ha tenido una idea una emoción, pero la guarda para sí mismo…”.

El hecho de utilizar modelos femeninas en lugares públicos normalmente convierten al espectador, sin el pedirlo, en un voyeur ocasional, con una serie de sensaciones y experiencias difíciles de canalizar. La provocación, el morbo, el deseo y la frustración son algunos de los deseos reprimidos que esta artista de la generación trasestética genera en nosotros.

Con un lenguaje más limpio y retórico que Cindy Sherman, Paul McCarthy o Bruce Nauman, el resultado es el mismo. Se despiertan y activan las mismas zonas erógenas de nuestro cuerpo, ese placer culposo y perverso que tanta acogida ha tenido en el mundo del arte actual y que hace que se llenen los museos de vez en cuando.

Vb53

1. Roberta Smith, The New York Times, Critic’s Notebook Wednesday, Mayo 6, 1998 s.d.
2. Burkhard Riemschneider, Art at the turn of the millennium, Taschen, Italia, 1999, p. 66.